jueves, 29 de diciembre de 2011
“La identidad del docente”
Como comentaba en el post anterior he notado una evolución y un cambio en mí pero ¿a qué se debe este cambio? ¿Qué tendría o podría yo hacer para lograr un cambio similar al que yo he sufrido en mis futuros alumnos?
He tratado de analizar este cambio buscando las posibles vías que lo han hecho posible, el ser yo parte del proceso dificulta por un lado la aproximación objetiva, tomar distancia para ver las cosas con más claridad, pero a la vez facilita una cantidad de datos e información que en los casos externos no se tienen.
Por un lado ¿este cambio es generalizado? ¿Afecta a todas las asignaturas y áreas por igual? La respuesta es que no es igual en todas las asignaturas, por lo tanto ¿tiene influencia el método didáctico elegido?¿quizás el propio contenido de la materia en sí misma y su concordancia con mis intereses?
Respecto a esta última pregunta creo que ha influido el hecho de que sea una materia totalmente nueva que desconocía completamente al contrario de lo que ocurre con el resto de las asignaturas, de las que al menos tenía algún conocimiento previo. El efecto inicial fue de un esfuerzo superior para incorporar estos nuevos conocimientos a los ya existentes, pero a la larga el efecto “novedad” resultó positivo.
Pero sin lugar a duda el método didáctico ha influido en el proceso.
En esta parte quiero destacar el “efecto trabajo en grupo” que ha sido realmente clave, creo que el grupo de alumnos y su forma de involucrarse en clase ha sido realmente arrollador y favorecedor. En mi caso se produjo un “contagio” positivo de interés y entusiasmo por su parte. El hecho de participar en pequeños grupos me evitó pasar esos pequeños malos tragos de tener que hablar en clase y superar mi reticencia a levantar la mano para comentar mis ideas en voz alta con el resto de la clase. El blog me está resultando también bastante útil en este sentido, sobre todo en esta última etapa de reflexión. Pero ¿cómo llevaría yo esto a las aulas? ¿funcionaría igual con cualquier grupo? ¿podría producirse un efecto contagio negativo de falta de interés? Algunas de estas preguntas fueron contestadas en la última clase de Procesos y Contextos por Andrés Negro Moncayo, que nos habló del aprendizaje colectivo y nos mostró un camino muy interesante a seguir. Realmente este tipo de trabajo necesita muchos cuidados, mimos y control, y no funciona igual con adultos que con niños. Con los niños es necesario un control más exhaustivo del trabajo, controlar la formación del grupo para que sea equilibrado, controlar el ruido… sin embargo en ambos casos el salir de la rutina del encerado y la clase magistral y poder discutir e intercambiar opiniones en grupo de igual a igual pero a la vez heterogéneo es fundamental.
En cuanto a la identidad del profesor estamos hablando de tres casos diferenciados, que en conjunto abarcan una gama bastante amplia de posiciones y posturas frente al aula, lo que resulta enriquecedor en su conjunto y me permite llegado este momento poder ver los pros y contra. Supongo que como extremos tendríamos por un lado el caso de Aprendizaje y Desarrollo y por otro el de Procesos y Contextos.
En el primer caso hemos tenido clases diferentes casi cada día, el trabajo en grupo que tan buenos resultados ha dado, lecturas en el aula, ejercicios prácticos, visionado de escenas y películas… Casi sin proponérnoslo hemos ido aprendiendo conceptos, teorías… Nunca había dado una clase así, implica como profesor un esfuerzo significativo para seguir los blogs, los comentarios, contestarlos y una gran formación para responder al desafío de la pregunta que surge del debate del transcurso de la clase y que no está en el temario del día… ¿podría yo dar clase así? Pero como alumno también implica un posicionamiento, una actitud participativa y responsable, meditar, leer, volver a reflexionar. En algunos momentos se produce cierto sentimiento de desorientación, ¿hacia dónde voy? ¿qué es lo que esperan de mi? ¿lo que estoy haciendo es suficiente? No es hasta el final cuando uno puede tener una imagen en su conjunto de todo el proceso, por tanto ¿funcionaría en la etapa de educación secundaria? Espero poder contestar a esto en breve pues el periodo de prácticas me parece adecuado para responder estas preguntas.
En el segundo caso las clases impartidas han sido del estilo magistral más tradicional, si bien hemos tenido algunos invitados que han roto con la rutina y alguna clase cooperativa al final del cuatrimestre. A su favor encontramos la claridad de los objetivos, el proceso y la forma de evaluación y en contra, la oposición entre los contenidos y los métodos aplicados en clase, que llevaban a cierta confusión ¿por ser adultos hay que cuidar menos la monotonía, la participación o la innovación? ¿es distinto dar clase a adultos que a adolescentes?
En mi primer dibujo sobre mi identidad docente me vi a mi misma frente a una pizarra en un aula llena de alumnos sentados en sus sillas mirando hacia a mí, alguno distraído e ideando alguna gamberrada… En el dibujo no se reflejaba, pero había ciertas dudas internas en esa profesora sobre si podría controlar a la clase o sobre cómo se enfrentaría a un conflicto directo con un alumno. Como comentábamos en la sesión de entre “le murs” con Alejandro supongo que lo que estaba en mi mente en realidad era ¿cuáles son mis límites? ¿se cuándo voy a perder el control? ¿soy capaz de controlarme antes de perderlo?
Después de estos meses he pensado mucho en por qué esta imagen. Como comentaba algún compañero en su blog http://juanjopayeras.blogspot.com no sólo hemos tenido clases magistrales. De hecho al igual que en su caso y quizás por compartir titulación durante la carrera he tenido clases muy distintas a la típica clase magistral, pero en mi cerebro la universidad estaba muy lejos del colegio o el instituto, aunque existía conexión directa en lo que he aprendido en la universidad y lo que voy a enseñar en el instituto no existía ningún puente mental entre como he aprendido en la universidad y cómo lo voy a enseñar. ¡Qué curiosa esta mente mía! Retrocedió al lugar y al espacio físico dónde aprendió e inmediatamente exportó ese modelo, mucho más lejano que el universitario.
En mi nuevo dibujo me veo en un aula, esta vez distinta: las sillas han sido retiradas y está adaptada para enseñar artes plásticas con caballetes, mesas grandes, grifos para el agua… (por soñar que no quede…) Los alumnos están distribuidos por la clase, no son muchos así que están divididos y trabajan en pequeños grupos. Sobre la pizarra se ve la pantalla del proyector con algunos objetivos e instrucciones concretas sobre la clase de hoy. Como profesora estoy con uno de los grupos, resolviendo dudas y supervisando el trabajo. La imagen es más onírica sin lugar a dudas. No es que me hayan lavado el cerebro y ahora todo sea ideal de la muerte, soy consciente de que posiblemente en uno de esos grupos está el alumno distraído que idea la próxima broma y de que la profesora controla por el rabillo del ojo que todo esté en orden, intentando anticiparse a lo que ocurrirá y buscando como motivar al grupo que se está quedando atrás… Lo que han cambiado son mis expectativas sobre lo que puede llegar a ser ya no veo la triste realidad del beso de la muerte…
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