miércoles, 2 de noviembre de 2011

“Arquitecto ¿artista o ingeniero?”


Actualmente me encuentro navegando entre dos aguas… Es una sensación que tengo desde que comencé el Máster y que lejos de desaparecer se acentúa a medida que avanzamos. Me produce cierto desasosiego, lo cual por cierto no es necesariamente negativo porque es más fácil plantearse retos, preguntas y evolucionar desde una posición de cierta inestabilidad que desde el sedentarismo de una posición en calma…

Este blog en parte está relacionado con la causa de mis cuestiones, por lo que creo que es el lugar adecuado para plantear un pequeño debate. 

¿Por qué navego entre dos aguas? Porque he encontrado dos corrientes muy diferenciadas en las metodologías de enseñanza y aprendizaje ¿opuestas? ¿complementarias? 

Como ya he comentado pertenezco a las “Artes Plásticas”. “Artes” Mis profesores se autodenominan y nos denominan artistas.  Hasta ahora yo era arquitecto, englobado por el programa educativo nacional con los ingenieros, con los que por cierto desde tiempos inmemoriales parece existir una guerra no declarada, porque ellos también nos consideran demasiado “artistas”.

Pero ¿soy un artista? ¿qué es ser un artista?

A la hora de ser profesor un arquitecto puede elegir: rama tecnológica con los Ingenieros, rama artística con Bellas Artes. Y yo creo que tenemos un pie en cada lado… Más ingenieros que los de Bellas Artes pero más artistas que los Ingenieros. Como artista echo en falta más presencia de tecnología y como ingeniero me falta el complemento plástico.

Decía que el blog en parte está relacionado con este debate. Desde las asignaturas de propias de las Artes Plásticas nos enfrentamos a una formación tradicional, apenas si usamos el aula virtual y por supuesto no hablamos ya de las TICs. Sin embargo no tenemos una estructura de clase tradicional, rígida o jerarquizada de profesor frente al aula (como la que veíamos en los dibujos de las clases de Alejandro) sino que se trata más de clases de igual a igual, intercambio de conocimientos, unos dibujando al lado de los otros con el profesor entre nosotros.  Es frecuente que aparezca el profesor de la clase siguiente en la primera y que colabore en esta, o que las clases se extiendan o contraigan según la necesidad.

Por otro lado tenemos el bloque didáctico, en el que si usamos las nuevas herramientas y sin embargo la forma de dar la clase se parece más al aula clásica, al menos en el sentido del profesor frente al alumno y la rigidez de las horas y turnos de los profesores.

A menudo asociamos el uso de las nuevas tecnologías (web 2.0) en el ámbito docente a paradigmas educativos constructivista, socioculturales. Pero ¿es esto siempre así? El uso de las TICs o la ausencia de ellas no determina el paradigma educativo, pero ¿tenemos ideas preconcebidas acerca de su uso? ¿tenemos prejuicios con las TICs?

Desde el módulo de arte parece existir cierto rechazo hacia el uso de nuevas tecnologías, se prefiere el contacto directo con el material y las técnicas tradicionales. Y esto parece afectar a su rechazo como herramienta docente en un contexto que parece muy adecuado.

Desde el módulo de didáctica parece que las TICs están completamente implantadas pero ¿se usan y se les saca todo el partido posible? ¿tal vez son sólo una apoyo extra, una herramienta más? Sin embargo en el discurso educativo se las apoya y valora.

Ayer hablábamos en clase de los conflictos en la actitud. Podemos considerar tres dimensiones en la actitud: la dimensión cognitiva (¿Qué pienso?), la dimensión afectiva  (¿Qué siento?) y la dimensión conductual  (¿Cómo actúo?)

Me parece interesante reflexionar sobre nuestra actitud frente a las TICs. En el marco del máster y nuestros profesores y asignaturas, pero también como futuros profesores. ¿Tenemos conflictos de actitud frente a las TICs?

1 comentario:

  1. ¿Y no es interesante estar entre dos aguas? Por hacer un símil arquitectónico… es como los espacios que no son ni del todo interiores, ni del todo exteriores. Pienso en una terraza cubierta, con un cerramiento piel/tamiz que permite ver el exterior, que entre la luz, incluso oler… Manejarnos en el lugar “entre”, en el matiz, aunque provoque a veces incertidumbre, puede dar mucho juego.

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